Si te preguntáramos si has escuchado alguna vez las siglas NFT y respondieras que no, tendríamos la certeza de que has estado viviendo aislado en una cabaña en el bosque durante los últimos meses. La fiebre de los tokens no fungibles ha atraído a la industria de las criptomonedas a personalidades y empresas tales como Eminem, Gorillaz, Lindsay Lohan, Playboy, Time, Procter & Gamble, y mejor detenemos la enumeración porque ocuparían todo el artículo. Si aún no sabes qué es esta tecnología que hizo que tu amigo (el ilustrador digital desempleado) pudiera comprar su primer apartamento, continúa leyendo este artículo.

Como el titular lo sugiere, NFT son las siglas en inglés para Token No Fungible (Non-fungible token). Estos están siendo usados para representar la propiedad sobre bienes tanto en el ciberespacio como en el mundo físico.

En economía, se dice que un bien es fungible cuando puede ser reemplazado por otro sin que se perciba diferencia alguna. Tu billete de mil pesos es idéntico e intercambiable por cualquier otro de mil pesos, sin que nada medie entre ellos a la hora de gastarlos.

En este sentido, cuando un bien no es fungible, significa que es reconocible, único, limitado e irremplazable por otro bien, lo que puede darle un valor de colección dependiendo de su atractivo y/o rareza. Si amas mucho a tu gato, aunque sea muy parecido a cientos de otros gatos, probablemente para ti no será fungible.

Esta característica se hizo sencilla de reproducir en el mundo del dinero criptográfico. Hace unos quince años hubiese sido risible pensar que un bien digital podía ser único. La industria de la música sabe bien esto pues, con la aparición de redes de intercambio de archivos p2p como Napster, eMule, Ares y demás, enfrentaron la dificultad de frenar la fácil copia y distribución de archivos en Internet. Bitcoin fue la primera tecnología que permitió crear un bien digital escaso, mediante el uso de la criptografía. Esto es uno de los elementos que hace imposible que se pueda gastar dos veces los mismos bitcoins.

La posibilidad de identificar y distinguir un bien digital respecto a otros fue extendiéndose hasta configurar el mercado de los criptocoleccionables, el cual, hoy en día, ha logrado adentrarse hasta en las salas de casas de subastas originarias del siglo XVIII como Christie's y Sotheby's.

De esta manera, características de bienes del mundo físico pueden ser emuladas en el mundo digital, permitiéndonos comerciar con bienes únicos a lo largo del ciberespacio sin los límites impuestos por la frontera de una aplicación.

Pero, ¿qué son los NFT? ¿otra forma de criptomoneda?

No, son una herramienta para atribuir y representar propiedad sobre un coleccionable o una pieza de arte digital. O realmente cualquier archivo que se desee tokenizar. Y, según los más entusiastas de esta tecnología, todo puede ser tokenizado.

Recordaremos, de artículos pasados, que una de las principales diferencias entre una criptomoneda y un token es que la primera es la unidad de cuenta nativa de una red blockchain específica, mientras que la segunda corre encima de la blockchain de un tercero. Ahí la primera diferencia.

Luego, está el hecho ya mencionado de la fungibilidad. Estos tokens se distinguen por, bueno... ser distinguibles de otros tokens, sean o no NFT. Mediante el uso de un identificador hash único (o, en palabras llanas, de una cuerda de letras y números como el de las direcciones de monedero), puedes demostrar que eres el dueño o el creador del bien asociado a tal identificador, otras personas pueden verificarlo fácilmente en un explorador de bloques, y nadie puede manipular esa información (a menos de que ocurra un ataque de reorganización de bloques, pero ese es otro tema).

Y ¿de qué me sirve un NFT?

Depende de si estás del lado del comerciante o del creador. Como dijimos antes, un NFT puede ser casi cualquier cosa: una pintura; un arma en un videojuego; un dominio de página web; una canción; un tuit; un terreno en un mundo de realidad virtual o hasta una casa en el mundo físico.

Entonces, si eres un creador, puedes ofrecer tus obras a la venta bajo la forma de un NFT. Esto tiene muchas ventajas frente a las plataformas predilectas que muchos artistas usan para exponer su trabajo: las redes sociales. No solo logran monetizar sus obras mediante su venta, sino que el token que lo representa puede quedar vinculado para siempre al artista, pudiendo incluso recibir ingresos o regalías por cada venta que se haga en un mercado secundario. Además, la autoría no quedará en duda.

El caso más emblemático de esto sería el artista británico Beeple, quien vendió su NFT «The First 5.000 Days» por 70 millones de dólares a través de la casa de subastas Christie’s, una venta récord hasta ahora. La obra se trata de un collage de todas las obras producidas diariamente los últimos cinco mil días.

Pero no solo los artistas pueden beneficiarse de los NFT. La economía interna del mundo de los videojuegos puede potenciarse fuertemente gracias a los NFT. En la actualidad, muchos gamers invierten mucho dinero en comprar armas, skins y demás; dinero que, al dejar de jugar, no puede ser recuperado. Los NFT abren la posibilidad a un mercado secundario en que los jugadores pueden comerciar los bienes adquiridos, y en el que los creadores podrían recibir regalías de esas mismas compras.

Desde el punto de vista del comerciante, tratándose de un mercado naciente, la verdad es que aún hay bastante margen para adquirir bienes a buen precio en alguna subasta, especular con su precio y obtener ganancias de su intercambio en mercados secundarios. O quizás seas un coleccionista y tan solo quieras hacerte con uno de estos rarísimos artículos digitales para sumarlo a tu haber. Aún los posibles casos de uso están en exploración.

¿Dónde están los NFT?

Así como cualquier otro token, los NFT habitan en el encadenado mundo de las blockchains. A pesar de que Ethereum es, en este momento, la red nativa predilecta para la emisión de NFT por las facilidades que presta su desarrollo mediante los estándares ERC-721 y ERC-1155 (modelos de programación para tokens no fungibles), Bitcoin fue la primera red en donde se crearon criptocoleccionables.

En el año 2012, el actual fundador de eToro, Yoni Assia, teorizó el concepto de las monedas coloreadas o colored coins como cierto tipo de bitcoins raros que podían ser utilizados para designar propiedades, cupones, emitir acciones de una empresa, generar suscripciones o incluso comercializar coleccionables digitales. Sin embargo, su funcionamiento dependía del acuerdo social de los usuarios de Bitcoin, sin lo cual, perdían sus facultades.

El primer experimento realmente exitoso de criptocoleccionable sobre Bitcoin fue el juego de cartas Spells of Genesis, emitido en Counterparty. Sobre este mismo protocolo, basado en la blockchain de Bitcoin, también ganó popularidad las cartas-meme de Rare Pepe, que llegaron a comerciarse por miles de dólares en el año 2016.

Para el año 2017, nacerían los CryptoPunks, primera NFT desarrollados sobre Ethereum y que persisten hasta hoy en día, llegando a comerciarse por millones de dólares en prestigiosas casas de subasta. Pero quizás la mayor difusión que ganaron los tokens no fungibles fue a través del juego de gatitos criptográficos: los CryptoKitties.

Con estos gatos raros fue introducido el llamado ERC-721, estándar que definía la no-fungibilidad de un token emitido mediante un contrato inteligente en Ethereum. Este estándar abrió la puerta a multitud de coleccionables en Ethereum, pues las bases estaban dispuestas para su fácil creación.

Sin embargo, el nombre NFT no aparecería sino hasta el 2018-2019, periodo en el que fue lanzado el mercado de coleccionables sobre Ethereum NonFungible.com. En esa época, comenzaron a proliferar cada vez más plataformas para el comercio de tokens no fungibles, surgiendo aquellas hoy mundialmente conocidas como OpenSea, SuperRare, entre otras.

En tanto que Ethereum se ha posicionado como la red predilecta para la emisión de NFT, la mayoría de estos mercados los venden a cambio de ethers. Además, monederos de Ethereum como MetaMask o Trust Wallet son compatibles con sus estándares de desarrollo por lo que puedes almacenar y custodiar tus NFT en tu propia wallet.