Minar bitcoins es difícil. De hecho, para la fecha de publicación de este artículo, minar bitcoins es más difícil que nunca. Y si lo lees en un año, es posible que sea diez veces más difícil debido al aumento en el poder de procesamiento de la red. Pero si este poder de procesamiento o hashrate cae justo tras un ajuste de dificultad, tendremos escenarios como el actual: bloques lentos, mempool congestionada, transacciones demoradas y costosas comisiones. ¿Te ocurre que tus transacciones llevan días esperando confirmación? En este artículo te contamos por qué, ¡Sigue leyendo!

¿Qué es la dificultad en la minería de Bitcoin?

Si has leído artículos sobre minería de Bitcoin en Internet, seguro te topaste con que los mineros “resuelven complejísimoos acertijos criptográficos”, algo así como un sudoku para computadoras cuánticas. La verdad es que encontrar el número necesario para agregar el bloque de transacciones a la cadena y ganar esos preciosos bitcoins nuevecitos, se parece más a obtener el número ganador en una rifa o lotería.

La dificultad de la minería Bitcoin plantea una suerte de adivinanza. Parecido a las fiestas infantiles, donde les preguntan a los niños por un número entre el 1 y el 10, la dificultad pide a los mineros que adivinen un número criptográfico de 256 bits cuyas posibles combinaciones equivalen aproximadamente al número de átomos existentes en el universo.

Esas costosas y potentes máquinas para minar bitcoin poseen chips de circuito integrado (ASIC) que lanzan números lo más rápido que pueden para intentar acertar antes que las demás. Lo que en seguridad informática se conoce como ataque de fuerza bruta, en Bitcoin se le llama trabajo. Y es precisamente este trabajo acumulado para añadir bloques a la cadena lo que hace que sea difícil hackear el libro contable de Bitcoin. Pero, en la medida en que se introduce más trabajo en la red, más difícil se hace minar. La dificultad es, en este sentido, un mecanismo de autorregulación de Bitcoin.

La dificultad regula la emisión de bitcoins

En entregas anteriores, hemos insistido en que Bitcoin es escaso. Solo habrá menos de 21 millones de unidades (divisibles hasta por 100 millones cada una) generadas a un ritmo constante y consabido por todos los nodos participantes de la red.

A diferencia del oro, cuyo suministro total en el universo es desconocido, la escasez de Bitcoin está tallada en código. Si bien es difícil aumentar significativamente el suministro del oro en la actualidad, cuando sube su precio, los mineros se ven incentivados a trabajar más para aumentar la extracción y, aunque en poca cantidad, aumentar el circulante existente respecto al suministro total. Esto termina por estabilizar el precio. En Bitcoin, por más trabajo que introduzcas, el ritmo de emisión se mantendrá relativamente constante gracias a los ajustes de dificultad.

Recordemos que las redes de Prueba de Trabajo como Bitcoin son intensivas en energía. Como mecanismo de defensa ante ataques que quieran reescribir o manipular el historial de transacción, Bitcoin tiene un poderoso cerco eléctrico constituido por todos los mineros de la red, poder y trabajo que tendría que ser superado para poder atentar contra el libro contable. Por incurrir en este trabajo, los mineros son recompensados con nuevos bitcoins.

De esta manera, Bitcoin se convierte en una suerte de batería que almacena y canaliza energía bajo la forma de un dinero global e incorruptible. Debido a lo estipulado en las reglas de consenso, y gracias a este poderoso cerco energético, nadie, por más trabajo que aplique, puede modificar significativamente el ritmo de emisión de monedas. Al menos no podrá hacerlo por más de 2016 bloques, esto es, el tiempo que toma ajustar la dificultad en Bitcoin.

El protocolo Bitcoin está programado para que, cada 2016 bloques agregados al blockchain, revise la frecuencia y el trabajo que tomó seguir escribiendo transacciones en el libro contable compartido. Si el trabajo aplicado excede la dificultad establecida en el pasado para mantener el ritmo de emisión convenido, la dificultad aumentará. Si, por el contrario, los bloques están demorando demasiado tiempo en ser añadidos porque encontrar el número aleatorio necesario requiere muchas iteraciones, la dificultad bajará.

De esta manera, y con ayuda de los halvings o reducción a la mitad de la recompensa de minado, sabemos que el último Bitcoin se minará en el año 2140. La dificultad mantiene relativamente estable la política monetaria más predecible y consabida que ha tenido la humanidad.

¿Qué tiene que ver esto con las comisiones?

En otros artículos, hemos comentado que las comisiones son una suerte de soborno que se les paga a los mineros para que confirmen nuestra transacción antes que la de otros. Racionalmente, los mineros se ven incentivados a añadir bloques que les reporten mayores beneficios a nivel económico. Cuando muchos usuarios tienen prisa por que su transacción se liquide, se crea una competencia entre comisiones que desencadena un efecto de bola de nieve, con comisiones cada vez más altas compitiendo entre ellas por el espacio de bloque.

Esto sucede en condiciones estables de la red. ¿Pero qué pasa si miles de mineros se desconectan justo cuando hay sobrecarga de trabajo muy difícil? Lo mismo que sucede cuando estás en el supermercado y 4 de 5 cajeros se van a tomar café, mientras hay miles de personas en fila con el carro repleto de productos cuya barra de precios son realmente sudokus. Algo así sucedió con Bitcoin hace algunos días.

Alrededor del 40% del hashrate de la red se desconectó justo luego de haber alcanzado su punto más alto de la historia e inmediatamente después de un ajuste de dificultad. Es decir, la minería de Bitcoin es más difícil que nunca, y los mineros, como los cajeros, decidieron irse a tomar café. Bueno, no fue tan así. Aparentemente, un apagón eléctrico en la provincia de Xinjiang, China, dejó sin energía a los mineros de la zona, que no eran pocos. Se estima que cerca del 40% del hashrate cayó, si bien el carácter distribuido de la red dificulta la precisión estadística.

El poder de procesamiento de Bitcoin cayó a 109EH/s justo tras alcanzar su máximo histórico de 208 EH/s. Fuente: CoinWarz.com

Como resultado, las transacciones empezaron a procesarse mucho más lento del tiempo promedio de 10 minutos que debería tardar un bloque nuevo en ser añadido a la cadena, llegaron a tardar hasta 15 minutos o más. Como consecuencia, aumentó el número de transacciones esperando confirmación y, con ello, la competencia en el mercado de comisiones.

Pero parece que parte del hashrate caído se ha reubicado, por lo que el poder de procesamiento ha comenzado a subir nuevamente. Y si bien aún no alcanza los niveles necesarios para equipararse con la dificultad de minado, al menos ha ayudado a descongestionar un poco la red y reducir en algunos momentos el precio de las comisiones, aunque siguen presentando valores bastante elevados.

Es probable que esta situación se prolongue al menos hasta el próximo ajuste de dificultad, lo cual debería ocurrir aproximadamente este 1ero de mayo, según data de fork.lol. En ese momento, el protocolo considerará el hashrate de los últimos 2016 bloques y adecuará la dificultad. Cuando eso ocurra, el procesamiento debería volver a la normalidad y, con ello, bajar las comisiones de minería.