Imagina que manejas un fondo de inversión. Tienes años de experiencia diversificando portafolios entre los mismos instrumentos de siempre: una taza de acciones; una cucharada de commodities; una pizca de bonos; y bienes raíces al gusto. Por más altibajos, inflaciones, devaluaciones, cracks financieros, crisis hipotecarias y demás, tienes una idea relativamente constante del potencial precio de cada activo. A fin de cuentas, llevas años en esto.

De repente y sin previo aviso, aparece una nueva clase de activo que rompe todos los paradigmas monetarios conocidos hasta el momento: no tiene un emisor central; es digital; es programable; es escaso; es transportable; no necesita un custodio; es transparente; nadie puede modificar arbitrariamente sus reglas; es una cosa rara. Sorprendido, lo sostienes en las manos de tu mente (porque es intangible, recuerda). Lo miras con detenimiento hasta entender esas características fundamentales que lo hacen valioso y, tras una larga meditación, te preguntas, ¿qué precio tiene esto?

Desde no tener precio alguno, hasta su actual máximo histórico de 64.500 dólares, bitcoin ha recorrido un gran trecho en su proceso de monetización y descubrimiento de su precio relativo. Y decimos relativo porque 1 BTC siempre equivaldrá a 1 BTC. Gracias a su escasez programada y defendida por todos los nodos de la red, sabemos que el suministro de bitcoins no aumentará como puede aumentar el de una moneda controlada por bancos centrales. Puede apreciarse o depreciarse en relación a otros instrumentos, pero no devaluarse.

Con todo, si estás haciendo trading en Orionx, evidentemente te interesa saber qué precio tendrá bitcoin en el futuro. “Muy bonito que 1 BTC=1 BTC, pero ¿cuánto es eso en dólares?”, dirás. Calma; toda la labia tiene un sentido. Precisamente el modelo de predicción de precios de mayor renombre en la industria de Bitcoin se basa en esta escasez inmutable que aludimos. Estamos hablando del modelo stock-to-flow o reservas-a-producción, planteado por el analista seudónimo, Plan B.

¿Qué es el stock-to-flow en Bitcoin?

Como modelo cuantitativo, el stock-to-flow precede a Bitcoin. Se trata de un modelo macroeconómico basado en marcos contables que comenzó a utilizarse en la segunda mitad del siglo XX para contabilizar las relaciones entre las reservas y los flujos monetarios, normalmente de activos escasos como los metales preciosos.

Siendo Bitcoin el primer bien digital escaso, resulta ajustado aplicar este modelo para medir el potencial precio futuro de Bitcoin. Al menos así parece desde la perspectiva del analista seudónimo Plan B, quien se ha descrito en el pasado como un holandés de cuarenta años con estudios en derecho y economía y veinticinco años de experiencia en las finanzas tradicionales.

En marzo de 2019, el seudónimo reconocible por su imagen de una gorra negra con las letras PlanB, publicó su artículo Modelando el valor de bitcoin mediante su escasez, en el que relaciona las reservas y la producción de Bitcoin para medir su escasez y calcular el valor de cada unidad. En términos sencillos, el stock-to-flow se enfoca en la cantidad de un bien mantenido en reserva, dividida por la cantidad que se produce anualmente.

Los activos con un mayor ratio de stock-to-flow suelen ser más valiosos para inversionistas debido a que indican una mayor escasez del activo, pues cada vez menos suministro es añadido en relación a las reservas existentes. Esto lo hace un bien raro y dificilmente devaluable.

Con todo, este ratio es sobre todo relevante para activos con suministro limitado, como los metales preciosos y bitcoin. En el caso de mercancías consumibles, es natural que las reservas decrezcan pues su valor está en su uso. Esto reduce su demanda como instrumentos de inversión, aunque persista su demanda para otros fines.

Stock-to-flow para bienes escasos

En artículos pasados hemos explicado la escasez de Bitcoin y la necesidad de trabajo y energía para producir cada unidad. Sabemos que el suministro está limitado a 21 millones de bitcoins y que, por más trabajo que se aplique, la creación de nuevas unidades permanece constante y apegada a un cronograma predefinido desde el inicio en su código.

Para cualquier otro bien, un aumento de precio suele venir acompañado de un aumento de la producción, lo cual desploma nuevamente su precio cuando la oferta supera la demanda. En Bitcoin, como en el caso del oro, la inelasticidad de su oferta impide que se creen nuevas unidades aún ante aumentos de precio, lo que hace que tenga un alto ratio de Stock-to-Flow.

Con reservas de 201.296 toneladas y una producción anual de 3.000 toneladas, el ratio de stock-to-flow del oro sería de 67. Esto quiere decir que demoraría 62 años de producción para alcanzar las reservas existentes en la actualidad, si bien adelantos tecnológicos y descubrimientos de nuevos yacimientos pueden acelerar este proceso. Con otros metales de uso industrial, cuyas reservas son consumidas en su transformación para bienes y servicios, y cuya oferta no es inelástica, el ratio de stock-to-flow puede ser de apenas un año, como es el caso del paladio.

El oro es una buena explicación para este modelo basado en escasez pues demuestra que no importa tanto que haya poco suministro (doscientas mil toneladas no está cerca de ser poco) sino que la relación entre la producción anual y las reservas, sea alta.

Para Bitcoin, debido a su oferta fija y a que el cronograma de producción contempla que cada cuatro años se reduzca a la mitad la emisión, las perspectivas futuras de stock-to-flow son aún más altas que en el caso del oro. En la actualidad, con 18.740.706 BTC emitidos para el momento de redacción de este artículo, el 89% del suministro ya fue producido, de los cuales se estima que entre 3 y 4 millones de bitcoins están perdidos.

Con 6,25 bitcoins emitidos por bloques cada diez minutos, se minan aproximadamente 900 BTC al día. Por tanto, anualmente se producen apenas 328.500 bitcoins. La división entre las reservas actuales de bitcoin y su producción anual, da como resultado un ratio de 57, bastante cercano al del oro. Sin embargo, en tanto que la emisión de bitcoins decrece en el tiempo, esto sugiere que su ratio de stock-to-flow superará por mucho a la del oro en el futuro.

A partir de los cálculos derivados de esta ratio de stock-to-flow para bitcoin, el modelo suele ilustrarse con el siguiente gráfico.

La línea continua indica el precio de Bitcoin estimado según el modelo Stock-to-flow. Sobrepuestas, hay una serie de puntos con los colores del arcoiris que representan el precio de bitcoin según se ha comportado en la historia. Los colores simbolizan la proximidad o lejanía respecto a los distintos halvings, morado siendo lo más cerca y rojo lo más alejado. Finalmente, en la base, se observa la desviación del precio respecto al modelo, ilustrándose en rojo los momentos de sobrevaloración, y en verde los momentos de subvaluación.

En este gráfico podemos observar la precisión con la que el precio ha seguido lo predicho por el modelo. De continuar así, se estima que, para el año 2026, el precio de cada unidad de bitcoin ronde el millón de dólares.

Límites y críticas del modelo

Si bien el modelo stock-to-flow aplicado a Bitcoin ha contado con respaldo por parte de la comunidad, no han sido pocos los que han señalado sus puntos débiles.

Son varias las críticas que se le han hecho. El modelo parece caer en simplismo al no considerar otras variables más que las reservas y la producción, como si el cronograma de emisión y la escasez relativa de Bitcoin fueran los únicos factores que impulsaran su precio.

Dado que la oferta de Bitcoin es fija, se deja al lado de la demanda de la ecuación determinar el precio, y la demanda es una función del valor que el mercado perciba en este activo. Por más escaso que sea un bien, si no hay demanda, su precio será cero.

El modelo también enfatiza demasiado las monedas recién extraídas como si fueran las únicas disponibles para la venta, pero cualquiera que posea bitcoin es libre de vender. Al inicio de Bitcoin, cuando los mineros emitían el 50% del suministro al año, su influencia en el mercado era innegable. Pero esto ha cambiado, haciendo que las reservas tengan más peso en el precio a la hora de ejercer presión de venta. Tampoco responde a la pregunta de qué pasará cuando el último bitcoin sea minado, en tanto que ya no habrá más flujo, sino exclusivamente reservas.

La simplicidad del stock-to-flow también deja de lado factores exógenos. No solo eventos inesperados de cisne negro como la pandemia por Covid19, sino regulaciones o noticias desfavorables que puedan afectar el precio a corto plazo. Por esta razón, el modelo debe considerarse más como una referencia a largo plazo que para operaciones de trading diarias.

Si bien el modelo coincide bastante bien con el histórico de precios de bitcoin, no es recomendable que los inversionistas lo utilicen como indicador único de precios futuros. Sin embargo, el modelo sí provee una medida estándar de la escasez, la cual resulta de mucha utilidad para comparar bitcoin contra otros activos escasos. Además, el modelo enfatiza la estabilidad y transparencia de la política monetaria de bitcoin, algo inédito hasta el momento con ninguna otra clase de activo.