Nadie está en control de Bitcoin. Esta afirmación puede desconcertar a los que recién empiezan a involucrarse con esta tecnología. Estamos acostumbrados a que todas las organizaciones tengan una autoridad central que se encargue de la dirección y gobierno. Pero en Bitcoin no es así: hay reglas, pero no hay regentes. No hay coerción para cumplir las reglas, solo incentivos y disuasivos en los que se opta a participar por consenso.

¿Qué significa consensuar?

Consensuar es compartir el sentido (con-sensus). Se dice que hay consenso cuando se concuerda con una decisión o modo de proceder, o hasta cuándo se comparten valores, cosmovisiones y objetivos.

Irónicamente, no hay consenso sobre el significado de consenso en Bitcoin. Es uno de esos conceptos problemático, pues se ha utilizado para significar muchas cosas y se presta a equívocos. El propio wiki de Bitcoin.it ha recomendado que todos los usos que se le han dado a consenso sean reemplazados por palabras diferentes y mas específicas y que la palabra consenso sea descartada de una vez por todas. Con todo, su uso se ha perpetuado en el ecosistema con significado en dos niveles siempre interrelacionados: uno técnico y uno humano.

El nivel técnico se refiere al acuerdo que se establece entre todos los nodos participantes de la red sobre la verdad y validez de las transacciones registradas en el libro contable, de acuerdo a las reglas del protocolo.

Para eliminar la necesidad de una autoridad central con poder discrecional y mitigar al mínimo la necesidad de confianza, todos los nodos almacenan su propia versión de la contabilidad de la cadena. Es decir, todos validan que las transacciones cumplan con las reglas que se ha consensuado aceptar (o las rechazan en caso de que alguien las incumpla) para así prevenir que alguien mienta o actúe maliciosamente.

¿Cuáles son estas reglas que se deben cumplir y verificar? Todas aquellas establecidas en el código: garantizar la propiedad de las monedas que se quieren transferir usando la llave privada correspondiente; que las monedas a gastar no hayan sido gastadas anteriormente; que las transacción de emisión de monedas no aumente el suministro arbitrariamente; entre muchas otras.

A nivel de protocolo, la misma economía de la red está diseñada para incentivar el buen comportamiento y castigar los abusos. Si alguien quiere actuar contra las reglas, su transacción será rechazada, por lo que todos los recursos que invirtió para contravenir las reglas habrán sido malgastados.

¿Quién define las reglas?

Aquí es donde entra el nivel humano del consenso. Este se refiere al grado de acuerdo existente entre los participantes de la red sobre la pertinencia de modificar o no alguna de tales reglas de consenso (por ejemplo, el tamaño de los bloques de la blockchain, la recompensa por bloque minado, el tiempo de generación de bloques, etc.).

El código original de Bitcoin, y su algoritmo de consenso basado en Prueba de Trabajo, fue implementado por Satoshi Nakamoto, creador de la primera criptomoneda. Este definía que, en caso de desacuerdos respecto al camino a seguir en el desarrollo del proyecto y crearse versiones de la red con reglas distintas, Bitcoin sería aquella red con mayor Prueba de Trabajo acumulado, es decir, la cadena que siguiera, por consenso, la mayoría de los participantes.

Al ser un proyecto de código libre y abierto, el mantenimiento del software y, por tanto, las modificaciones de sus reglas, son una tarea abierta para cualquier persona. En ese sentido, son los usuarios y desarrolladores quienes definen las reglas. Pero no lo hacen desde la nada, sino a partir del código ya existente de Bitcoin. Este código presenta una apuesta sobre cómo debe funcionar el dinero: tener un suministro limitado y escaso; ser neutral y abierto ante quien desee usarlo; no censurar las transacciones, entre otros.

Así, los usuarios de Bitcoin, al compartir esta cosmovisión, optan por apoyar estas reglas y apoyar su validación. Nadie puede cambiar las reglas arbitrariamente; debe haber consenso con el resto de los participantes. Por eso las modificaciones en el código de Bitcoin toman tanto tiempo. Las propuestas de mejora pasan por un largo proceso de verificación antes de ser introducidas al código. Y una vez implementadas, suele privilegiarse mantener la compatibilidad con las versiones anteriores para que los nodos y proveedores de servicios tengan la libertad de decidir cuándo actualizar sus sistemas.

Quien no esté de acuerdo con una actualización, no está obligado a seguirla: puede modificar el código y crear su propio proyecto con las reglas que considere pertinentes. Así fue como nacieron todas las otras criptomonedas, pero son especialmente ilustrativos los casos de Bitcoin Cash o Ethereum Classic, proyectos que nacen de evidentes desacuerdos ideológicos sobre el rumbo de sus respectivos proyectos.

Conclusiones

Hay que tomar decisiones para realizar mejoras. Para ello es la gobernanza interna. Y por ello toma tanto tiempo modificar bitcoin. Pero eso es también lo que lo hace tan robusto. Esto crea una meritocracia abierta: cualquiera, con sus conocimientos, puede colaborar en el proceso de toma de decisiones en Bitcoin. Sus ideas y propuestas serán puestas en cuestión, como las colaboraciones de cualquiera. Pues lo que está en juego es la salud de toda la red. Esa es la prioridad. Y los intereses económicos e ideológicos de todos los participantes están alineados con que Bitcoin sea lo mejor que pueda ser, sin sacrificar su descentralización, seguridad, neutralidad y apertura.