Criptomoneda es una de esas palabras que se ha instalado en el vocabulario del ecosistema de manera cotidiana, pero que pocos conocen de dónde salió, aunque suele darse por sentado su significado. En este artículo rastrearemos la genealogía de la palabra para entender mejor el por qué de este nombre.

Para la fecha de redacción, CoinMarketCap contabiliza un total de 6.088 criptomonedas distintas. Sí, más de seis mil tickers listados que serán conocidos acaso por sus desarrolladores (menos mal que no ocupan espacio físico, pues no habría trastero que aguantara tanta baratija). Esto es así porque crear o bifurcar una criptomoneda está al alcance de todo aquel que sepa copiar un código.

Pero no siempre fue así. La idea de efectivo digital fue introducida en 1983 por el criptógrafo David Chaum. En los años 90, crear un dinero digital funcional, resistente y perdurable, era el santo grial de muchísimos científicos de la computación. El camino hacia el nacimiento de Bitcoin está empedrado de proyectos fallidos, pero cuyas investigaciones fueron piezas indispensables para crear la primera criptomoneda.

Prehistoria de Bitcoin

Antes de Bitcoin, nadie hablaba de criptomonedas. Dinero digital, divisa virtual, e-money o moneda electrónica: estas eran las palabras utilizadas para indicar la transición del dinero físico hacia aquel hecho de bits. Bajo estos nombres surgieron proyectos que buscaban aprovechar las bondades del ciberespacio para transacciones más eficientes en términos de velocidad y portabilidad, así como para luchar contra los riesgos de seguridad y privacidad que supone compartir en línea datos de tarjetas de débito o crédito.

DigiCash, creado por Chaum, fue de los primeros experimentos. Le siguió e-gold, de los más usados dineros de Internet para la época. En su lista de correo se acuñó el término digital currency o moneda digital, en referencia a los pagos p2p o entre pares. PayPal también nació en los noventa y es de los pocos proyectos de la época que persisten hoy en día.

Dinero Cypherpunk

Pero hubo otro grupo de personas interesadas, no solo en crear un medio de pago digital y mantener el fiat o el oro como monedas nativas de sus sistemas. Un grupo de personas identificada con ideales de libertad y privacidad, que veían en la criptografía una herramienta para proteger al individuo frente al Estado: los cypherpunks o criptoanarquistas.

Realmente la palabra cypherpunk también puede ser un término impreciso. Si bien existen manifiestos como aquel de Eric Hughs, que reúnen el corpus de sus principios, más que formar un movimiento homogéneo y de una militancia alineada, se trataba de personas que compartían valores similares, contribuían en discusiones sobre temas de común interés y, sobre todo, escribían código como una herramienta para sus fines.

Desde el ámbito de los cypherpunks, las investigaciones de dinero digital cobraron un tinte más político, defendiendo la descentralización y el anonimato, aunque encontraran límites para hacerlo efectivo en sus desarrollos.

El B-Money de Wei Dai, propuesto en el 98, planteaba un “sistema de efectivo electrónico anónimo y distribuido”, pero nunca tuvo suficiente atención para ser lanzado. BitGold, propuesto por Nick Szabo, ya planteaba un sistema de prueba de trabajo similar al de la minería de Bitcoin para la compilación y publicación criptográfica de transacciones; esto con el objetivo de eliminar la necesidad de intermediarios e independizarse de organismo centralizados. Pero tampoco tuvo éxito. Quizás el proyecto más exitoso de la época fue el HashCash de Adam Back, siendo una de las principales inspiraciones de Satoshi Nakamoto para escribir el código de Bitcoin.

Para esos años, hasta la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (NSA) publicó sus investigaciones sobre el impacto del dinero criptográfico, sobre todo por su potencial carácter anónimo.

Nace Bitcoin

Casi todos estos proyectos fracasaron por no dar con una solución conjunta que eliminara la confianza en terceros, fuera descentralizado y desintermediado y protegiera contra el doble gasto de monedas.

Pero, alrededor una década después, con el movimiento cypherpunk disgregado y con las investigaciones en dinero digital habiendo perdido el combustible de los 90, pero aún como una respuesta y una salida ante los fracasos del patrón fiat y la crisis económica de 2008–2009, nace Bitcoin, articulando tecnologías previas para solventar las problemáticas anteriores.

La primera aparición de Bitcoin en el ciberespacio público fue el 31 de octubre de 2008, cuando comparte el white paper que describe su propuesta de e-cash p2p en la lista de correos Cryptography, un medio de comunicación creado en los 70, suspendido y retomado en el 2000, dedicado a la discusión de “aspectos técnicos de criptosistemas, repercusiones sociales de criptosistemas y la política de la criptografía”.

El bloque génesis de Bitcoin se minó el 3 de enero de 2009. Durante los primeros meses en que funcionó, el nombre “criptomoneda” no había aparecido. Siguió siendo visto como fue concebido en su white paper: “un sistema P2P de efectivo electrónico”.

Una criptomoneda par a par

No es sino hasta la primavera de 2009, probablemente entre los meses de abril y mayo, que Satoshi menciona por primera vez la palabra “cryptocurrency” o criptomoneda.

Según narra Nathaniel Popper en su libro Oro Digital, en conversaciones por email, Satoshi le comentó al desarrollador Martti Malmi (aka Sirius) que ha leído el término en una lista de correos. “Tal vez es una palabra que debamos usar al describir Bitcoin. ¿Qué te parece?”, preguntó Satoshi en aquel entonces. “Suena bien”, respondió Malmi. “Una criptomoneda par a par podría ser el eslogan.”

Que Satoshi pidiera la opinión específicamente de Malmi y no de otros contribuidores de la época (Hal Finney, el primero en recibir una transacción de Bitcoin, por ejemplo), podría no ser casual. Malmi, quien para el momento se encargaba más de labores educativas que técnicas, fue uno de los primeros en entender las implicaciones de Bitcoin para la libertad individual, según se refleja en conversaciones con Nakamoto

Como se ve, Satoshi no acuñó el término; solo lo difundió. Quién es el verdadero creador de este neologismo que combina criptografía y moneda, permanecerá en el misterio, así como la verdadera identidad de Nakamoto. Al lanzar la versión 0.3 de Bitcoin en julio de 2009, Satoshi ya la anuncia como “P2P cryptocurrency”, dando inicio al uso común de esta palabra.

Criptomonedas y libertad

Criptomoneda nace entonces como una palabra-marca, útil para la divulgación mediática de Bitcoin. Pareciera Con todo, es un término que puede prestarse a equívocos. En la actualidad, casi todos los sistemas de dinero digital, incluyendo a aquellos provistos por instituciones bancarias y de finanzas tradicionales, emplean algún grado de criptografía para preservar su seguridad y privacidad.

Por otro lado, Bitcoin es una articulación de muchas tecnologías, siendo la criptografía tan solo una de varias (empleada sobre todo para la creación de las llaves públicas y privadas, así como para el registro y mapeo de transacciones). Es decir, la criptografía de manera independiente no es el elemento distintivo y esencial que hace que Bitcoin sea Bitcoin.

Tomando en consideración los precedentes cypherpunks de las investigaciones en dinero digital que fueron piedras fundacionales para la construcción de Bitcoin; el hecho de que Satoshi compartiera su propuesta en la lista de correos de Cryptography; así como la consulta a Malmi sobre el nombre, no parece descabellado asomar la posibilidad de que la palabra criptomoneda haya tenido más una intención ideológica que técnica.